Por LoffMusic
A sus 86 años, Mavis Staples sigue cantando como si el mundo dependiera de su voz. Y tal vez, en cierto modo, así sea. En tiempos en que el ruido parece ahogar la empatía y la confusión se disfraza de certeza, ella vuelve con Sad and Beautiful World (Anti-, 2025), un disco que no pretende redimirnos, pero sí recordarnos que todavía hay belleza en resistir.
El título resume su visión: la tristeza y la hermosura como dos hilos inseparables del mismo tejido. “Es un mundo triste y hermoso —dice Staples—. Pero sigo encendiendo una luz cada vez que puedo”. Esa luz suena a góspel, a soul, a blues, y a la promesa de que incluso en la oscuridad, la fe y la voz pueden ser actos de amor.
Una travesía por la memoria americana
Producido por Brad Cook (Bon Iver, Waxahatchee, Hiss Golden Messenger), el álbum suena como un mapa de la música norteamericana de los últimos setenta años. Hay guitarras rugosas que evocan el Mississippi natal de los Staples Singers, coros que huelen a iglesia de barrio y una sección rítmica contenida, casi en susurro, que deja espacio para la gravedad de su interpretación.
En “Chicago”, tema de apertura, Mavis mira hacia atrás con la serenidad de quien sabe que los recuerdos también pueden ser refugio. Luego llega “Beautiful Strangers”, una versión del tema de Kevin Morby que transforma la melancolía indie en una plegaria colectiva. Donde Morby hablaba al desconocido con miedo, Staples lo hace con compasión; su voz convierte la canción en un abrazo a la humanidad entera.
El disco alterna entre la meditación y el fuego. “Hard Times” se sostiene en un groove lento y seco, como si el alma de Curtis Mayfield se colara por las rendijas del estudio. En “Human Mind”, escrita por Hozier y Allison Russell, el mensaje se vuelve explícito: entendernos es el primer paso para salvarnos. La voz de Mavis, grave y desgarrada, parece al borde de la ruptura —pero nunca se quiebra del todo.
La fuerza de las canciones prestadas
Staples nunca ha temido cantar palabras ajenas. Su historia está hecha de reinterpretaciones que transforman lo individual en comunión. Aquí se apropia de “Godspeed” de Frank Ocean, y lo que en el original era un susurro de despedida se convierte en testamento espiritual. “Anthem” de Leonard Cohen llega como un eco necesario: “There is a crack in everything, that’s how the light gets in.”
La artista no busca competir con esas versiones: las domestica con elegancia, las tiñe de experiencia. Donde otros ven nostalgia, ella encuentra propósito. En su lectura, las grietas del mundo no son un defecto, sino la puerta por donde entra la esperanza.
Una constelación de aliados
En este álbum Mavis se rodea de una generación de artistas que la veneran. Bonnie Raitt, Justin Vernon, Jeff Tweedy, Katie Crutchfield y MJ Lenderman aportan arreglos, voces o guitarras, pero el centro gravitacional sigue siendo ella. Cook los teje con discreción, construyendo un sonido que respira: una mezcla de folk, soul y producción contemporánea sin artificio.
Hay una madurez en el aire. Staples no compite con su pasado glorioso ni busca rejuvenecer su sonido. En cambio, abraza el paso del tiempo y lo transforma en textura. Cada rugosidad de su voz cuenta una historia: la de una mujer negra que atravesó el movimiento por los derechos civiles, la industria musical y el siglo XXI sin perder su fe en el poder de la canción.
Cantos de resistencia, amor y permanencia
Sad and Beautiful World no es un álbum de protesta en el sentido clásico, pero cada palabra suya suena como una oración de resistencia. “Everybody Needs Love” cierra el disco con un mensaje simple, casi infantil, pero que en su boca suena revolucionario. Staples no sermonea: canta como quien ofrece agua a los sedientos.
La crítica ya lo reconoce como una de sus obras más logradas en décadas. Con una puntuación sobresaliente en Metacritic y reseñas entusiastas de Pitchfork y The Guardian, el consenso parece claro: Mavis Staples no solo sigue vigente, sino que continúa enseñándonos cómo cantar el dolor sin rendirse ante él.
La luz que no se apaga
Al final, Sad and Beautiful World es un álbum que no busca consuelo sino conexión. Un disco que podría haberse grabado en cualquier época, pero que llega justo cuando más lo necesitamos. En él, Mavis Staples reafirma su papel de guía espiritual del soul contemporáneo: una voz que ha visto lo peor y aún elige creer en lo mejor.
En un mundo que oscila entre la tristeza y la belleza, ella sigue encendiendo su pequeña lámpara. Y nos invita, con su música, a hacer lo mismo.


