Descubre a Anna von Hausswolff con su álbum ICONOCLAST, casi un disco perfecto según la crítica


Por LoffMusic

Anna von Hausswolff – «ICONOCLASTS» es la destrucción que libera

A veces, para construir algo nuevo, primero hay que derribar lo que ya creemos eterno. Eso es lo que parece proclamar Anna von Hausswolff en su nuevo y fascinante álbum ICONOCLASTS. Con la solemnidad de la gran iglesia y la urgencia del grito existencial, esta obra abraza la destrucción para alumbrar su propia luz.

Una catedral sonora hecha carne

Desde los primeros compases de “The Beast”, el organista eterno se convierte en arquitecta de un universo sónico monumental. El órgano de tubos, las explosiones de saxofón (a cargo de Otis Sandsjö), los sintetizadores, la percusión ritual: todo se alinea para dar forma a una estructura que se siente bíblica y personal a la vez. Aquí no se trata solo de volumen; se trata de habitar el espacio, arder en él, y emerger transformados.

“Facing Atlas”, “The Iconoclast” o “Stardust” se sienten como decisiones conscientes de abandonar lo viejo —identidades, amores, creencias— y saltar al abismo de lo desconocido. “Who am I? Who am I?” canta von Hausswolff en “The Iconoclast”, y la pregunta resuena en cada rincón del disco.

Voces y alianzas que explotan el molde

Una de las sorpresas más notables es la colaboración de Iggy Pop en “The Whole Woman”: un dúo que cruza generaciones, géneros y estructuras esperadas. Aquí la artista se muestra «como la mujer que soy», y no como una versión domesticada de sí misma. (Pitchfork)
Por otro lado, Ethel Cain aporta en “Aging Young Women” una voz que amplifica la temática de la vejez, el paso del tiempo y el anhelo perdido. Cada colaboración no es un adorno, sino una extensión del universo interno del álbum.

Iconoclasia, pero también renacimiento

Más que un álbum de ruptura, ICONOCLASTS es un rito de paso. La música se hace catarsis, la destrucción se convierte en fundamento de lo nuevo. Las letras hablan de libertades, de soltar el peso de lo construido, de permitir que la propia voz —la propia identidad— se revele. En un mundo ensayando pandemias, crisis y reinvenciones, este disco surge como respuesta urgente: la música como acto de rebelión íntima.

Para quienes conocen el trabajo de Anna von Hausswolff, este álbum es un salto: más accesible en formas, pero aún salvajemente ambicioso en aspiración. Para nuevos oyentes, es una puerta abierta a un paisaje sonoro que combina el gótico, lo experimental y lo pop sin perder su filo. ICONOCLASTS es, en resumen, una obra que exige atención, que pide que nos sumerjamos, que sintamos el peso del órgano, el latido del saxofón y la urgencia de cada nota.

En un mundo donde lo estable se quiebra, ella decide romper los ídolos. Y en esa ruina encuentra una belleza salvaje.