Adele en «Cry to Heaven», la diva del soul debuta en el cine de la mano de Tom Ford


Por LoffMusic

Adele no canta esta vez. O quizá sí, aunque sin abrir la boca. Porque su voz —esa que ha hecho llorar estadios— tiene ahora una nueva forma: el silencio del cine. La artista británica debutará como actriz en Cry to Heaven, la nueva película del diseñador y cineasta Tom Ford, una adaptación de la novela homónima de Anne Rice, ambientada en la Italia del siglo XVIII. El anuncio, confirmado por Pitchfork, Variety y Deadline, marca un giro inesperado y fascinante en la carrera de la cantante más reconocible de su generación.


Del escenario al set: una transformación anunciada

Después de arrasar con su último álbum, 30 (2021), y completar residencias multitudinarias en Las Vegas y Múnich, Adele decidió tomarse un descanso. Sin embargo, su pausa no fue silencio: fue preludio. A finales de 2025, se confirmó su salto al cine en un proyecto que parece hecho a su medida: una historia donde la música, la belleza y el dolor se funden en una sola nota.

Cry to Heaven transcurre en un siglo XVIII exuberante y cruel, donde un noble veneciano y un joven castrado buscan la gloria en la ópera. En su reseña original para The New York Times, Alice Hoffman definió la novela de Rice como “audaz y erótica, impregnada de lujo, tensión sexual y música”. Tom Ford —director de A Single Man y Nocturnal Animals— no podría haber encontrado un material más cercano a su sensibilidad visual y emocional.


El universo Ford: estética, deseo y redención

Tom Ford ha construido un cine donde el estilo nunca es superficial, sino parte del discurso. En sus películas, la luz y la forma son personajes. Su mirada mezcla perfección y melancolía; cada encuadre es una confesión. En Cry to Heaven, retoma ese universo de contradicciones: la pureza contra el deseo, la voz contra el silencio, la belleza contra el sacrificio.

El reparto —una constelación de nombres británicos— incluye a Nicholas Hoult, Aaron Taylor-Johnson y Colin Firth, junto a Adele. La película está actualmente en preproducción entre Londres y Roma, con rodaje previsto para enero de 2026 y estreno a finales del mismo año.

La presencia de Adele, más allá del atractivo mediático, promete dotar al proyecto de una nueva dimensión emocional. Su capacidad interpretativa, su control del gesto y su natural vulnerabilidad encajan perfectamente en el mundo trágico y exuberante que propone Ford.


Una historia donde la música lo inunda todo

Aunque no se ha confirmado si Adele cantará en la película, la elección de Cry to Heaven —una obra sobre castrati, deseo y trascendencia artística— sugiere que la música será un eje central. En la novela de Rice, “la música está en todas partes: en los gondoleros, en los himnos, en las abejas que zumban”.

Resulta poético imaginar a Adele, símbolo de autenticidad vocal, encarnando un personaje en un mundo donde la voz es poder y condena. Su sola presencia evoca esa dualidad: la artista que canta para sanar, pero que también expone su herida cada vez que lo hace.


Una alianza entre elegancia y emoción

Si A Single Man era un retrato del duelo contenido y Nocturnal Animals una meditación sobre la venganza, Cry to Heaven promete ser el canto más visceral de Ford. Su estética minimalista se enfrentará a la opulencia barroca del siglo XVIII, y en ese contraste puede nacer algo excepcional.

Adele representa el alma del proyecto: la sensibilidad del siglo XXI en el cuerpo de un drama clásico. Su salto al cine no busca la fama fácil, sino un nuevo modo de contar —una manera diferente de habitar la emoción.


Más que una película, una nueva forma de cantar

La carrera de Adele ha estado marcada por la verdad. Y tal vez eso sea lo que Tom Ford ha visto en ella: una artista capaz de transmitir sin artificio. En un tiempo saturado de filtros y poses, su debut cinematográfico suena a un gesto de valentía.

Cuando Cry to Heaven llegue a las salas en 2026, será algo más que una película. Será el encuentro entre dos artistas obsesionados con la belleza, el dolor y la autenticidad.

Y aunque esta vez Adele no suba al escenario, el eco de su voz —esa que no necesita micrófono para llenar una sala— seguirá resonando, incluso entre los muros de mármol del viejo teatro veneciano donde todo comenzó.