El director griego entrega su película más seca y paranoica, sostenida por una inquietante banda sonora de Jerskin Fendrix que convierte el silencio en amenaza.
Por Redacción LoffMusic
Después de la exuberancia barroca de Poor Things, Yorgos Lanthimos vuelve a sus raíces más ásperas. En Bugonia, adaptación del filme surcoreano Save the Green Planet! (2003), el cineasta disecciona con bisturí la paranoia tecnológica, la conspiración mediática y la fragilidad de la comunicación humana.
El resultado: una sátira oscura, grotesca y profundamente contemporánea, protagonizada por Emma Stone y Jesse Plemons, donde el diálogo es un arma y la música, un campo de batalla.
El absurdo como espejo
Bugonia comienza como una película de secuestros y termina siendo un estudio sobre la desinformación y el ego.
Dos jóvenes paranoicos —Plemons y Aidan Delbis— secuestran a la directora de una poderosa empresa biotecnológica (Stone), convencidos de que es una alienígena enviada para destruir el planeta.
En esa premisa delirante, Lanthimos encuentra terreno fértil para su obsesión por la incomunicación.
El director evita planos generales: la cámara se aferra a los rostros, a las miradas, a la incomodidad.
Todo sucede en los gestos. No hay empatía, solo observación quirúrgica. Y lo que muestra no es bonito: una sociedad fracturada, narcisista, que ya no distingue entre verdad y espectáculo.
Como escribió The Guardian,
“Bugonia es una parábola cruel sobre la era digital, donde la locura ya no se mide por lo que crees, sino por cuántos likes te dan por creerlo.”
La música como amenaza invisible
La banda sonora, compuesta por Jerskin Fendrix, es una de las claves del film.
Tras su trabajo en Poor Things y Kinds of Kindness, el compositor británico vuelve a colaborar con Lanthimos, pero aquí lleva su estilo a un extremo más claustrofóbico.
El propio Fendrix comentó en Variety que el director le pidió “cuatro sensaciones básicas: abejas, sótano, nave espacial y miedo contenido”.
De esa premisa surgió una partitura llena de cuerdas zumbantes, percusiones dislocadas y respiraciones electrónicas, una mezcla que recuerda tanto a György Ligeti como a Jonny Greenwood, pero con un tono más biológico que orquestal.
Según IndieWire,
“El diseño sonoro y la música de Bugonia son tan invasivos que a veces sientes que la película te respira encima.”
Cada pausa, cada silencio, cada chirrido refuerza la sensación de encierro. La música no acompaña; te encierra con los personajes.
Crítica y recepción internacional
La cinta, estrenada en el Festival de Venecia 2025, ha dividido a la crítica, algo habitual en el universo Lanthimos.
- Little White Lies la describe como “una bomba absurda, incómoda y fascinante”.
- The Washington Post la llama “una pieza de relojería moralmente ambigua”.
- En Metacritic, acumula un 71/100, con consenso de “generalmente favorable”.
La interpretación de Emma Stone —en su cuarta colaboración con el director— ha sido ampliamente elogiada. Rolling Stone subrayó que “Stone se mueve entre mártir y monstruo, con una precisión emocional que hiela la sangre”.
Un filme que obliga a mirar (y escuchar)
Más allá de su argumento conspiranoico, Bugonia funciona como una radiografía del presente.
Lanthimos convierte el caos digital en comedia negra, y el miedo a los algoritmos en farsa existencial.
Entre risas nerviosas y zumbidos electrónicos, la película plantea una pregunta incómoda:
“¿Qué pasa cuando ya no distinguimos lo humano de lo programado?”
Y, aunque no ofrece respuesta, el eco que deja suena tan claro como el zumbido que abre su primera escena.
Bugonia no busca gustar; busca sacudir.
Es cine para quien disfruta del riesgo y de la incomodidad.
Una comedia dramática tan grotesca como lúcida, donde la música de Jerskin Fendrix funciona como espejo del ruido mental de nuestra era.
Lanthimos confirma que su cine, a medio camino entre la crueldad y la belleza, sigue siendo el terreno más fértil del cine de autor contemporáneo.
“El apocalipsis no llega con explosiones, sino con notificaciones.”
Y Bugonia lo demuestra con precisión quirúrgica.


