DELACUEVA publica «No Me Llames Artista», el pop brillante, la ironía y la redención emocional



Zaragoza, octubre de 2025

El pop español tiene un nuevo manifiesto.
Se titula No Me Llames Artista, y llega de la mano de DELACUEVA, el zaragozano que lleva tiempo reventando clichés a golpe de humor, vulnerabilidad y melodías contagiosas.
Este viernes 24 de octubre, el músico publica su esperado primer álbum en solitario, un trabajo que confirma lo que muchos ya intuían: que DELACUEVA no es solo promesa, sino una realidad del pop alternativo nacional.


“Soy Un Puto Criminal” es ironía y desahogo emocional

Entre los diez cortes del disco, el focus track “Soy Un Puto Criminal” resume a la perfección la esencia de DELACUEVA: un pop de guitarras chispeantes y saxofones juguetones, que esconde bajo su capa bailable una historia de desamor y redención.
Tengo la piel de mazapán y un corazón de mierda”, canta con descaro en un estribillo tan pegadizo como brutalmente honesto.

El videoclip —dirigido por Vanilla Bloom, su productora fetiche— es una pieza delirante y luminosa: el músico aparece preso, rodeado de un coro de chicas con pasamontañas, en una coreografía tan torpe como maravillosa.
Un guiño entre lo punk y lo teatral que ya se ha convertido en parte de su identidad.


Melodías, letras y actitud son el ADN DELACUEVA

Las canciones de No Me Llames Artista funcionan como un espejo deformante entre la risa y la herida.
Hay fantasía pop y también crónica emocional.
Hay cuentos donde vivir (“Premio a Mejor Guión Original”, “Partido en Dos”), y cicatrices narradas sin filtro (“Así Bailaban Los Muertos”, “Estoy Jodido”).

DELACUEVA escribe con humor ácido y sensibilidad lírica, mezclando referencias culturales con guiños generacionales: de Gabriel García Márquez a Arctic Monkeys, pasando por Woody Allen, Art Attack o Digimon.
En su universo, el drama y la ironía no se contradicen; se bailan.

Musicalmente, el disco apuesta por un pop de guitarras luminoso y cinematográfico, donde conviven ecos de Vetusta Morla, Leiva y Joe Crepúsculo, pero con un sello propio: melodías redondas, letras afiladas y una actitud que alterna el descaro con la ternura.


Un concepto que cuestiona el ego artístico

El título no es casual.
No Me Llames Artista es una declaración de principios.
DELACUEVA reniega del aura del “artista” para reivindicarse como músico y artesano emocional.
“Yo solo escribo canciones”, explica. “El arte ocurre cuando alguien las escucha y algo se enciende dentro. Esa chispa no la creo yo, la crea el público”.

En tiempos donde la música se mide por reproducciones, DELACUEVA recuerda que lo importante sigue estando en los escenarios, no en los algoritmos.
No es una pose: antes de lanzar el disco, recorrió salas de todo el país para presentar sus canciones en directo, antes de publicarlas, como si el feedback del público fuera parte del proceso creativo.


La magia hecha videoclip

Cada canción del álbum tiene su propio universo visual.
Los videoclips y visualizers creados junto a Vanilla Bloom transforman el pop en performance: teatros habitados por recuerdos, lavacoches convertidos en sets de soul tragicómico, coreografías imposibles y gatitos surrealistas que acompañan letras entre lo cursi y lo brillante.

El resultado: una obra visualmente coherente y emocionalmente impredecible, donde cada plano amplía el universo de DELACUEVA.


🎸 Ficha técnica y sonido

Producción: Noel Campillo
Mix: Diego García
Master: Víctor García (Ultramarinos Mastering)
Músicos: Jorge Portillo (guitarras y teclados), Carlos Montull (bajo) y Dani Katena (batería)
Composición, voz y guitarras: Manuel de la Cueva

Son diez canciones sin relleno, grabadas con energía orgánica y alma de banda.
Pop con cuerpo y mensaje.


Un referente en el pop emergente español

A sus 31 años, Manuel de la Cueva ya ha ganado los Premios de la Música Aragonesa a Mejor Grupo (2021) y Mejor Disco (2022), además de representar a España en la Expo Universal de Dubái 2022.
Con No Me Llames Artista, da un salto de madurez y confirma que su talento trasciende las etiquetas locales.

El disco no solo suena a futuro, sino que lo encarna con descaro y elegancia.
Y sí, probablemente sea —como él mismo dice— “la primera vez que sé que estas canciones son la polla”.