¿Quién inventó realmente el rock and roll? La historia empezó mucho antes de Elvis

Elvis Presley fue coronado rey. Chuck Berry escribió su lenguaje. Little Richard lo convirtió en una explosión. Pero antes de todos ellos una mujer ya hacía rugir una guitarra eléctrica como si el rock and roll llevara décadas esperando a ser inventado. Esta es la verdadera historia de cómo nació la música que cambió el siglo XX.

Hay una pregunta aparentemente sencilla que lleva décadas provocando discusiones entre músicos, críticos e historiadores:

¿Quién inventó el rock and roll?

La respuesta rápida probablemente sea Elvis Presley.

La respuesta correcta es bastante más interesante.

Porque el rock no nació un martes por la tarde en un estudio de Memphis. No hubo una persona que conectara una guitarra, tocara tres acordes y pudiera decir: acabo de inventar el rock and roll.

El rock nació de una colisión.

Del blues y el rhythm & blues de la comunidad afroamericana. Del gospel que salía de las iglesias. Del country blanco del sur de Estados Unidos. Del boogie-woogie. De guitarras eléctricas cada vez más agresivas.

Y, sobre todo, nació de una generación de jóvenes que estaba buscando algo que sus padres no pudieran entender.

Bienvenidos al primer capítulo de La Historia de la Música Moderna, la nueva serie de LoffMusic.

Para encontrar el origen de casi todo lo que escuchamos hoy tenemos que viajar mucho más atrás de lo que parece.

Antes de Elvis hubo una mujer llamada Sister Rosetta Tharpe

Año 1938.

Elvis Presley todavía tardaría casi siete años en nacer.

Chuck Berry era un adolescente.

Little Richard tenía cinco años.

Y Sister Rosetta Tharpe ya estaba haciendo algo extraordinario.

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Cantaba gospel.

Pero tocaba la guitarra eléctrica con una agresividad, un ritmo y una presencia escénica que hoy resultan sorprendentemente familiares.

En octubre de 1938 grabó cuatro canciones, entre ellas “Rock Me”, y se convirtió rápidamente en una de las primeras grandes estrellas comerciales del gospel. Durante las décadas siguientes mezclaría la intensidad espiritual del género con una guitarra eléctrica que terminaría influyendo en Chuck Berry, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis y Little Richard.

Escuchad sus grabaciones.

Después escuchad a Chuck Berry.

Y entonces mirad las fechas.

La historia empieza a cambiar.

Rosetta Tharpe fue mujer, negra y artista de gospel en una industria dominada por hombres blancos. Durante demasiado tiempo su nombre quedó fuera del gran relato popular del rock.

Hoy el Smithsonian la considera una de las figuras fundamentales de su nacimiento y el Rock & Roll Hall of Fame la define directamente como la primera gran heroína de la guitarra del rock and roll.

Pero todavía faltaba algo.

El rock necesitaba una generación que lo hiciera suyo.

Entonces llegó “Rocket 88”

Avancemos hasta 1951.

Jackie Brenston and His Delta Cats publican “Rocket 88”.

Y aquí comienza otra discusión.

Porque para muchos historiadores estamos ante uno de los candidatos más sólidos a ser considerado el primer disco de rock and roll de la historia.

La grabación tenía prácticamente todos los ingredientes.

Un ritmo frenético.

Piano.

Saxo.

Una letra sobre coches, diversión y juventud.

Y una guitarra distorsionada.

La canción fue grabada en Memphis por un grupo dirigido musicalmente por un jovencísimo Ike Turner, con Jackie Brenston como vocalista, y publicada posteriormente por Chess Records.

La propia Library of Congress evita concederle oficialmente la corona de “primera canción de rock”, pero reconoce que existen varios candidatos y señala a “Rocket 88” como uno de los más importantes por la manera en que mezclaba los estilos que estaban dando origen al género.

Escuchada más de siete décadas después quizá no parezca revolucionaria.

En 1951 debía sonar como algo llegado del futuro.

Chuck Berry encontró la fórmula

Si hay que elegir al hombre que convirtió todas aquellas influencias dispersas en el lenguaje reconocible del rock, aparece un candidato extraordinario:

Chuck Berry.

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Berry entendió algo esencial.

El rock necesitaba canciones para adolescentes.

Coches.

Instituto.

Chicas.

Baile.

Rebeldía.

Libertad.

Y necesitaba una guitarra.

En 1955 apareció “Maybellene”.

Un año después llegó “Roll Over Beethoven”.

Después vendrían “School Day”, “Rock and Roll Music”, “Sweet Little Sixteen” o “Johnny B. Goode”.

La Library of Congress ha llegado a describir a Berry como probablemente la persona que más cerca estuvo de inventar el rock and roll, destacando tanto sus composiciones como aquella forma de tocar la guitarra que acabaría convirtiéndose en parte del ADN del género.

El Rock & Roll Hall of Fame también sitúa la clave en aquella combinación: Berry absorbió country, blues y R&B y los transformó en una técnica propia.

Y aquí ocurre algo fascinante.

Escuchas a Chuck Berry y aparecen los Beatles.

Aparecen los Rolling Stones.

Aparece AC/DC.

Aparece Bruce Springsteen.

Aparecen miles de bandas que todavía no existían.

El rock ya tenía idioma.

Pero necesitaba un terremoto.

Little Richard convirtió el rock en espectáculo

Entonces apareció Richard Penniman.

El mundo lo conocería como Little Richard.

Y en 1955 grabó:

“Tutti Frutti”.

Aquello no parecía una canción.

Parecía una detonación.

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Piano golpeado casi como un instrumento de percusión. Una voz salvaje. Ritmo. Sexualidad. Exceso. Maquillaje. Peinado imposible. Una presencia escénica que desafiaba muchas de las convenciones de la América conservadora de los años cincuenta.

El Rock & Roll Hall of Fame considera que sus actuaciones y sus ritmos establecieron buena parte del modelo que seguiría posteriormente el espectáculo del rock. (

Little Richard entendió algo que después comprenderían Mick Jagger, Freddie Mercury, David Bowie, Prince o Lady Gaga:

la música popular también entra por los ojos.

El rock ya tenía guitarra.

Ya tenía canciones.

Ahora tenía espectáculo.

Y entonces llegó Elvis.

Elvis Presley no inventó el rock. Hizo algo igual de importante

Memphis.

Sun Studio.

Un joven camionero de 19 años llamado Elvis Presley está grabando con Scotty Moore y Bill Black.

Durante una pausa empiezan a tocar “That’s All Right”, una canción del bluesman Arthur “Big Boy” Crudup.

El productor Sam Phillips escucha algo.

Blues negro.

Country blanco.

Juventud.

Sex appeal.

Una voz extraordinaria.

Algo estaba ocurriendo.

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Sun Records se convertiría en uno de los grandes laboratorios de aquella revolución. Allí despegarían también nombres como Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins, en un entorno donde la mezcla de blues y country ayudó decisivamente a desarrollar el nuevo sonido.

Elvis no inventó el rock and roll.

Pero poseía algo que cambiaría su historia.

Podía llevarlo al centro de la cultura popular estadounidense.

Era joven.

Era blanco.

Era atractivo.

Y cantaba con una influencia afroamericana evidente mientras se movía de una forma que escandalizaba a buena parte de la América adulta.

El rock encontró finalmente a su primera superestrella global.

El ingrediente secreto: los adolescentes

Pero todavía falta un protagonista.

Quizá el más importante.

Los adolescentes.

Después de la Segunda Guerra Mundial apareció en Estados Unidos una nueva realidad social.

Millones de jóvenes tenían cada vez más identidad propia, mayor capacidad de consumo y algo que las generaciones anteriores no habían disfrutado de la misma manera:

una cultura diseñada específicamente para ellos.

La Library of Congress señala precisamente a adolescentes y preadolescentes como el denominador social común del primer rock and roll. Sus preocupaciones empezaron a convertirse en canciones: coches, ropa, colegio, romances y frustraciones juveniles.

De repente los jóvenes podían comprar discos.

Escuchar emisoras.

Vestirse diferente.

Bailar diferente.

Y tener ídolos que sus padres detestaban.

Eso era perfecto.

Porque probablemente aquí esté la auténtica revolución del rock.

No era únicamente un nuevo género musical.

Era una identidad.

Entonces, ¿quién inventó el rock and roll?

La respuesta es que probablemente nadie.

Y todos.

Sister Rosetta Tharpe puso una guitarra eléctrica al servicio de una intensidad que todavía no tenía nombre.

El blues aportó su alma.

El gospel, su fuego.

El rhythm & blues, su pulso.

El country, parte de su velocidad y estructura.

“Rocket 88” reunió muchos de los ingredientes.

Chuck Berry escribió su vocabulario.

Little Richard le dio espectáculo.

Elvis Presley lo convirtió en fenómeno de masas.

Y millones de adolescentes hicieron el resto.

El propio Rock & Roll Hall of Fame sitúa las raíces del género precisamente en esa confluencia de rhythm & blues, blues, country, folk, bluegrass y gospel.

Por eso buscar un único inventor quizá sea hacerle la pregunta equivocada a la historia.

El rock and roll fue una colisión cultural.

Y cuando finalmente explotó a mediados de los cincuenta, ya no hubo forma de detenerlo.

El mundo después del rock

Lo verdaderamente extraordinario es lo que ocurrió después.

Sin Chuck Berry resulta difícil imaginar a los Beatles y los Rolling Stones.

Sin aquellos primeros artistas de rhythm & blues y rock and roll resulta imposible comprender el soul, el garage o el hard rock.

Después llegarían Dylan.

Hendrix.

Led Zeppelin.

Black Sabbath.

Punk.

Disco.

Hip hop.

Madonna.

Nirvana.

Britpop.

Radiohead.

Beyoncé.

Daft Punk.

Taylor Swift.

Bad Bunny.

Rosalía.

TikTok.

Spotify.

Parecen mundos completamente distintos.

Pero existe un hilo invisible que los conecta.

Una historia hecha de artistas que escucharon algo que ya existía, lo mezclaron con otra cosa y terminaron creando algo nuevo.

Esa es precisamente la historia que queremos contar.

La historia de la música moderna.

Y acabamos de empezar.