Eso sí es una historia.
Se llaman Howlin’ Jaws, vienen de París y llevan años convirtiéndose en una de las bandas más estimulantes del nuevo rock psicodélico europeo. Su nuevo single, “Maximum Speed”, es un viaje de boogie, garage, vocoder y armonías a lo Beach Boys. El 2 de octubre publican Living The Dream y en noviembre podremos verlos en España.
Hay un momento maravilloso cuando descubres una banda antes de que todo el mundo empiece a hablar de ella.
Apuntas el nombre.
Escuchas una canción.
Después otra.
Y veinte minutos más tarde estás preguntándote:
¿cómo es posible que no conociera a estos tipos?
Nos acaba de pasar con Howlin’ Jaws.
Son tres.
Vienen de París.
Se conocen desde niños.
Y si en tu colección de discos conviven King Gizzard & The Lizard Wizard, Tame Impala, The Black Keys, The White Stripes, The Beach Boys o The Soundtrack Of Our Lives, probablemente deberías seguir leyendo.
Su nueva canción se llama:
“Maximum Speed”.
Y el título no engaña.
Primero escucha “Maximum Speed”
La canción dura 3 minutos y 49 segundos y acaba de publicarse a través de Bellevue Music. Los créditos oficiales señalan a Kalle Gustafsson Jerneholm y György Barocsai como productores y a los tres miembros de Howlin’ Jaws como compositores.
Pero los créditos no explican lo que ocurre cuando pulsas play.
Una guitarra.
Boogie.
Psicodelia.
Un estribillo atravesado por vocoder.
Armonías vocales que parecen haber escapado de alguna sesión especialmente alucinada de los Beach Boys.
Y entonces todo revienta.
La canción acelera hasta desembocar en un breakdown que parece construido expresamente para que una sala de conciertos pierda los modales.
Hay garage.
Hay pop.
Hay psicodelia.
Y hay algo de esa sensación de peligro controlado que convierte a King Gizzard & The Lizard Wizard en una referencia bastante lógica. La propia descripción del nuevo álbum vincula “Maximum Speed” con las excursiones más desatadas de la banda australiana.
Pero entonces descubrimos cómo nació la canción.
Y nos gusta todavía más.
“Maximum Speed” existe gracias a un error de ordenador
Hay discos obsesionados con eliminar los errores.
Howlin’ Jaws acaba de convertir uno en canción.
“Maximum Speed” comenzó como una jam.
Hasta ahí, nada demasiado extraño.
Pero durante la grabación alguien cometió un error de copiar y pegar en el ordenador.
El segundo verso quedó desestructurado.
La canción cambió.
Y en lugar de pulsar Ctrl+Z y devolverlo todo a su sitio, la banda decidió escuchar lo que aquel accidente acababa de hacer.
Funcionaba.
El error se quedó.
Es una anécdota pequeña, pero dice bastante sobre Howlin’ Jaws.
Porque su música parece vivir precisamente en ese lugar donde una idea aparentemente antigua puede torcerse de repente y convertirse en algo contemporáneo.
¿Quiénes demonios son Howlin’ Jaws?
Esa es la pregunta interesante.
Howlin’ Jaws son:
Djivan Abkarian, voz y bajo.
Lucas Humbert, guitarra.
Baptiste Leon, batería.
Tres amigos de infancia parisinos.
Y su historia no comienza exactamente con la psicodelia.
Comienza con…
rockabilly.
A finales de la década pasada empezaron a llamar la atención con Burning House, un EP publicado en 2018 y construido alrededor de unas raíces mucho más clásicas.
Pero hicieron algo inteligente.
No se quedaron allí.
Entonces viajaron al estudio donde The White Stripes grabaron Elephant
El siguiente paso llevó a Howlin’ Jaws hasta Londres.
Concretamente a Toe Rag Studios.
Para los aficionados al garage rock, el nombre tiene algo de lugar sagrado.
Es el estudio analógico de Liam Watson, el productor e ingeniero asociado a uno de los discos fundamentales del rock de principios de siglo:
Elephant, de The White Stripes.
Howlin’ Jaws trabajó allí con Watson para grabar Strange Effect, publicado en 2021.
Y lo hicieron en cinta.
De repente aquel grupo con raíces rockabilly empezó a abrir ventanas.
Garage.
Pop.
Psicodelia.
Melodías.
Texturas.
Dos años después volvieron a trabajar con Watson.
El resultado fue Half Asleep Half Awake.
Y las ventanas se hicieron todavía más grandes.
De The White Stripes a la psicodelia oriental
Half Asleep Half Awake, publicado en 2023, confirmó que Howlin’ Jaws no tenía demasiado interés en convertirse en una banda de revival.
El segundo álbum amplió su universo hacia terrenos más psicodélicos e incorporó incluso influencias orientales. (Radical Production)
Ese es quizá el elemento que más nos interesa de ellos.
Howlin’ Jaws sabe perfectamente de dónde viene.
Pero no parece interesado en vivir allí.
Y eso nos lleva hasta su tercer disco.
Living The Dream y esta vez se fueron a Suecia
Para su nuevo álbum decidieron cambiar de escenario.
Adiós, Londres.
Hola, Gotemburgo.
Y allí aparece otro nombre fundamental:
Kalle Gustafsson Jerneholm.
Jerneholm es bajista de The Soundtrack Of Our Lives y ha trabajado en producción con artistas como Foals, The Hives, José González y Junip.
No parece una elección accidental.
Porque si Liam Watson era perfecto para capturar el músculo analógico y garage de Howlin’ Jaws, Jerneholm podía ayudarles a hacer algo distinto:
agrandar el paisaje.
El resultado se llama Living The Dream.
Sale el 2 de octubre de 2026.
Será su tercer álbum.
Y contiene once canciones. (Fnac)
Y aquí la cosa se pone realmente interesante
Porque cuando investigas el disco empiezan a aparecer ingredientes que no esperabas.
En “Terminal Buzz” aparece el disco.
“Sunset Laundromat” se acerca al country.
“Maximum Speed” pisa el acelerador hacia la psicodelia.
En “Miss You” aparece un omnichord.
“Up On The Roof” utiliza mellotron.
“Time Has Come” se desliza entre teclados cósmicos.
Y entonces llegamos a:
“That Kind of Pain”.
Una canción que, según la presentación del álbum, se aproxima al universo de la French Touch de Air.
Pero con un pequeño detalle.
Howlin’ Jaws ha metido a la Filarmónica de Estocolmo en el disco
Sí.
El grupo que empezó tocando rockabilly termina su tercer álbum incorporando cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Estocolmo.
Y aquí es donde Living The Dream empieza a resultar realmente prometedor.
Porque ya no estamos hablando simplemente de tres tipos haciendo buen garage psicodélico.
Estamos hablando de una banda que parece preguntarse:
¿hasta dónde podemos llevar esto sin dejar de sonar a nosotros?
Esa suele ser una pregunta bastante saludable.
Ellos lo explican utilizando una tortilla y un boeuf bourguignon
Probablemente sea una de las mejores metáforas utilizadas recientemente para describir la grabación de un disco.
La propia banda compara la diferencia entre Half Asleep Half Awake y Living The Dream con cocinar:
una tortilla y un boeuf bourguignon.
La explicación oficial utiliza esa imagen para describir el salto de ambición entre ambos trabajos.
No sabemos cuál de los dos discos sería la tortilla.
Pero entendemos perfectamente la idea.
Uno puede hacerse rápidamente.
El otro necesita ingredientes.
Tiempo.
Capas.
Cocción.
Y paciencia.
Living The Dream parece pertenecer claramente a la segunda categoría.
Pero “Maximum Speed” no tiene demasiada paciencia
El nuevo single representa el extremo contrario.
Corre.
Y también se ríe.
Su letra vuelve a la adolescencia de sus tres integrantes y recupera algunas imágenes maravillosamente cuestionables de principios de los 2000.
Zapatillas diseñadas para parecer rápidas.
Pantalones cortos excesivamente largos.
Cabello decolorado con resultados discutibles.
Y, naturalmente:
Justice.
Es nostalgia, pero sin reverencia.
Howlin’ Jaws no parece mirar a su adolescencia diciendo “todo era mejor entonces”.
Más bien parece mirarla y pensar:
¿en serio salíamos así de casa?
El vídeo tampoco quiere tomarse demasiado en serio
“Maximum Speed” llega acompañado de videoclip oficial y mantiene exactamente esa sensación.
La publicación especializada La Grosse Radio lo ha definido como una especie de postal de vacaciones psicodélica, con instrumentos, agua y suficiente absurdo visual para que todo encaje con la canción.
Y eso importa.
Porque detrás de toda la sofisticación del nuevo disco hay algo que Howlin’ Jaws parece negarse a perder:
la diversión.
Hay otra historia de Howlin’ Jaws que merece ser contada
Antes de continuar, conviene desviarse momentáneamente del rock.
Porque estos tres músicos también han compuesto para el teatro.
Howlin’ Jaws trabajó en Électre des bas-fonds, montaje de Simon Abkarian.
La obra consiguió tres premios Molière y dos premios del Syndicat de la Critique.
Y uno de esos reconocimientos fue precisamente para ellos:
Mejor compositor de música escénica.
No es exactamente el currículum habitual de una banda de garage.
Pero empieza a explicar por qué su música ha ido adquiriendo cada vez más dimensiones.
Mientras tanto, aprendieron a ser una banda de directo
Europa.
Estados Unidos.
Japón.
Howlin’ Jaws ha pasado los últimos años haciendo lo que probablemente debe hacer cualquier grupo de rock que aspire a durar:
tocar.
Y tocar mucho.
Han compartido escenario o cartel con nombres como The Black Keys, The Limiñanas y Les Wampas.
Esa experiencia también terminó entrando en “Maximum Speed”.
El breakdown de la canción procede precisamente de la manera en que la banda ha aprendido a estirar y deformar las canciones en directo.
No hicieron una canción para después descubrir cómo tocarla sobre un escenario.
Parte del escenario ya estaba dentro de la canción.
Y sí, Howlin’ Jaws viene a España
Aquí tenemos otra razón para apuntar el nombre.
El 28 de noviembre, Howlin’ Jaws estará en Santiago de Compostela dentro del Outono Códax Festival.
Y el compañero de cartel convierte la fecha en algo todavía más interesante:
The Sadies.
El concierto servirá para presentar Living The Dream en España tras su publicación el 2 de octubre. La fecha del 28 de noviembre ha sido confirmada también por medios españoles especializados.
Si las nuevas canciones funcionan sobre el escenario como promete “Maximum Speed”, puede ser una de esas noches en las que parte del público entra preguntándose quién es el grupo francés…
y sale buscando sus discos.
Si te gustan King Gizzard y Tame Impala, empieza por aquí
Las comparaciones musicales siempre son peligrosas.
Howlin’ Jaws no es Tame Impala.
Tampoco es King Gizzard.
Ni The Black Keys.
Ni The White Stripes.
Y precisamente ahí está la gracia.
Pero existen suficientes puntos de contacto para utilizar esos nombres como coordenadas.
Si te atrae la psicodelia mutante de King Gizzard, hay algo aquí.
Si disfrutas del instinto melódico y las texturas de Tame Impala, también.
Si echas de menos la electricidad física del primer garage del siglo XXI, encontrarás rastros.
Si las armonías de The Beach Boys siguen pareciéndote uno de los grandes inventos de la humanidad, “Maximum Speed” guarda una sorpresa.
Y si además disfrutas cuando una banda utiliza sus influencias para llegar a otro lugar en vez de reproducirlas…
Howlin’ Jaws merece una oportunidad.
Descubrimos a Howlin’ Jaws
Quizá dentro de unos años resulte extraño presentarles así.
Eso sería una buena noticia.
Por ahora son tres amigos de infancia de París que empezaron tocando rockabilly, viajaron a Londres para grabar en cinta con Liam Watson, añadieron psicodelia a la fórmula, ganaron un premio componiendo para el teatro y terminaron en Suecia grabando un álbum con un miembro de The Soundtrack Of Our Lives.
Por el camino han pasado The Black Keys, Japón, Estados Unidos, vocoders, mellotrones, omnichords, country, disco y hasta una orquesta filarmónica.
No está mal.
El 2 de octubre sabremos hasta dónde llega Living The Dream.
Mientras tanto hay una manera bastante más sencilla de conocerlos.
Busca “Maximum Speed”.
Sube el volumen.
Y pulsa play.
El resto, como dice el título…
va bastante rápido.


