«El eco eterno de la oscuridad», estos son los 5 discos imprescindibles de Black Sabbath que todo alma rockera debe poseer


Por LoffMusic

Hoy el mundo se vuelve un poco más silencioso. Se ha apagado una de las voces más icónicas del heavy metal, y no es cualquier voz. Ozzy Osbourne, el príncipe de las tinieblas, nos ha dejado. Pero como todo mito, su presencia sigue retumbando en cada vinilo, en cada riff denso como el humo de un club de Birmingham en los 70.

En honor a Ozzy, y a esa bestia sónica llamada Black Sabbath, abro mi colección sagrada —esa que huele a polvo, a cuero, y a gloria— para rescatar los 5 discos que todo amante del metal debe tener, sí o sí, antes de irse al infierno… o donde sea que Ozzy esté ahora haciendo duetos con Lemmy.


1. Black Sabbath (1970)

El origen del mal

Todo empezó un viernes 13 de febrero. Lluvia, campanas, un riff que congelaba la sangre y la risa nerviosa de quien no sabía si estaba escuchando blues, doom o una invocación. Este disco cambió la música para siempre. Ozzy suena como un profeta poseído, y el tema homónimo es simplemente la piedra angular del metal. Aquí se fundó una religión.

Canción imprescindible: Black Sabbath


2. Paranoid (1970)

El grito de guerra

Grabado en pocos días, con bajo presupuesto y aún menos expectativas, Paranoid se volvió el Santo Grial del metal. Todo aquí es legendario: “Iron Man”, “War Pigs”, “Planet Caravan” y ese riff atómico que da nombre al álbum. Si no tienes este disco en tu colección, devuélveme la chaqueta de cuero, posero.

Canción imprescindible: War Pigs


3. Master of Reality (1971)

Más allá del abismo

Aquí Sabbath baja aún más la afinación y crea el sonido del apocalipsis. Es stoner, es doom, es puro plomo derretido. Iommi es el arquitecto, Geezer el poeta ocultista, Bill el chamán rítmico y Ozzy… Ozzy es el médium que canaliza el otro lado. La portada negra con letras moradas ya es arte sacro.

Canción imprescindible: Children of the Grave


4. Vol. 4 (1972)

Exceso, oro y cocaína

En este disco Sabbath demuestra que no solo eran oscuros, también podían volar. Grabado en Los Ángeles con montañas de polvo blanco, es un viaje psicodélico y salvaje. Aquí Ozzy canta como un niño en trance, y temas como “Snowblind” son confesiones de una banda devorándose a sí misma.

Canción imprescindible: Snowblind


5. Sabbath Bloody Sabbath (1973)

La resurrección artística

Cuando todos pensaban que Sabbath se estaba diluyendo, llegó este golpe de genio. Es su trabajo más ambicioso, melódico y progresivo, sin perder un gramo de oscuridad. El tema título es un riff que podría partir planetas en dos, y Ozzy suena más teatral, más loco, más brillante que nunca.

Canción imprescindible: Sabbath Bloody Sabbath


Epílogo:

Ozzy ya no está. Pero no me lloren, bastardos. Él fue un cometa que atravesó el cielo negro del rock, dejando fuego, escándalos y poesía eléctrica. Estos cinco discos son más que música: son rituales de iniciación, códices del metal, testamentos de una era donde lo peligroso era bello.

Así que desempolva el tocadiscos, sube el volumen y deja que la voz de Ozzy te posea una vez más.

Larga vida al Príncipe. Black Sabbath es eterno.