REVIEW | The Life of a Showgirl: The Encore añade “Patient Zero”, “Cleveland!”, “Pink Clouding” y “Babylon” al disco más discutido de la última etapa de Taylor Swift. Hay mejores melodías, algo más de humanidad y una canción que recuerda por qué sigue siendo una narradora excepcional. Pero también reaparecen algunos de sus viejos fantasmas.
Taylor Swift no sabe cerrar una puerta.
Siempre queda una canción.
Una edición.
Una pista.
Un secreto.
Una versión.
Un vault.
Un “Taylor’s Version”.
Un último acto después del último acto.
Y ahora tenemos, literalmente:
el encore.
Casi un año después de publicar The Life of a Showgirl, Taylor Swift regresa al álbum que dividió a crítica y seguidores para añadir cuatro canciones nuevas.
“Patient Zero”.
“Cleveland!”.
“Pink Clouding”.
“Babylon”.
Juntas forman The Life of a Showgirl: The Encore, publicado el 25 de septiembre. No son descartes recuperados de las sesiones originales: Swift las escribió posteriormente junto a Max Martin y Shellback, después de viajar a Suecia para celebrar con ellos el extraordinario éxito comercial del álbum.
Y esa diferencia importa.
Porque The Encore no es realmente el material que sobró de Showgirl.
Es Taylor Swift volviendo a mirar el disco después de comprobar cómo reaccionó el mundo ante él.
Y quizá por eso estas cuatro canciones dicen más de lo que parece.
Primero debemos hablar de The Life of a Showgirl
Publicado en octubre de 2025, el duodécimo álbum de Swift era uno de los lanzamientos más esperados de su carrera.
El regreso de Max Martin y Shellback hacía imaginar una máquina de pop gigantesca.
La expectativa era enorme.
Y comercialmente ocurrió exactamente eso.
The Life of a Showgirl debutó en el número uno y consiguió la mayor semana inicial de un álbum en la historia moderna de Estados Unidos, según los datos de Billboard recogidos también por NME.
Pero éxito y consenso son cosas distintas.
La recepción crítica fue considerablemente más compleja. Algunas reseñas celebraron determinados momentos, mientras otras cuestionaron unas letras excesivamente autorreferenciales y una producción mucho menos explosiva de lo que prometía la reunión con Martin y Shellback.
Y eso convierte The Encore en un experimento fascinante.
Taylor ya sabe lo que dijimos del espectáculo.
Ahora vuelve al escenario para interpretar cuatro canciones más.
1. “Patient Zero” y Taylor vuelve a hacer lo que mejor sabe
De las cuatro, “Patient Zero” es la candidata más evidente a justificar esta edición.
La producción utiliza percusión electrónica, cuerdas procesadas y un pulso pop contenido que evita explotar demasiado pronto. NME destaca precisamente esa combinación y describe la canción como un pop brillante construido alrededor de una metáfora infecciosa.
Porque el “paciente cero” del título es Taylor.
La canción está dirigida a otra mujer que ha terminado atrapada en la órbita de un hombre que Swift conoce demasiado bien.
Ella estuvo allí primero.
Conoce los síntomas.
Conoce el encanto.
Conoce también la enfermedad.
Y ahora reconoce el patrón desde fuera.
Es una idea muy Taylor Swift: coger una situación sentimental reconocible y encontrar una imagen sencilla capaz de organizar toda la canción.
El amor tóxico convertido en contagio.
Lo mejor es que no necesita construir un laberinto de referencias para hacerlo.
Hay melodía.
Hay concepto.
Hay un estribillo que permanece.
Y vuelve a aparecer cierta capacidad para contar muchísimo sin necesitar explicar absolutamente todo.
No es la mejor canción de su carrera.
Pero sí es una Taylor que resulta fácil echar de menos cuando su propia mitología termina devorando la canción.
Lo mejor
La metáfora.
Lo peor
Que inevitablemente volverá a comenzar el campeonato mundial de identificar a quién está dedicada.
Veredicto
El encore empieza bien.
Y además sabemos que Taylor ha reservado algo importante para ella.
El videoclip de “Patient Zero” está protagonizado por Dakota Johnson y Colin Farrell, ha sido dirigido por la propia Swift y cuenta con el oscarizado Emmanuel Lubezki en fotografía. Su estreno completo está previsto durante los VMAs.
2. “Cleveland!” o cuando enamorarse no siempre produce mejores canciones
Y entonces llega la canción más problemática de las cuatro.
“Cleveland!”
Musicalmente es inmediata.
Batería real.
Teclados luminosos con perfume ochentero.
Campanas.
Pop construido para levantar las manos.
Hay algo deliberadamente enorme y feliz en ella.
El problema aparece cuando escuchamos qué quiere contarnos.
Swift vuelve a hablar de las críticas que recibe y contrapone el ruido exterior con haber encontrado a una persona que la acepta. NME identifica la canción con su relación con Travis Kelce, originario del área de Cleveland.
Sobre el papel podría ser entrañable.
Pero Taylor lleva demasiado tiempo conversando con sus detractores.
A veces parece que incluso en sus canciones más felices necesita reservarles una silla.
Ahí Cleveland! pierde fuerza.
No porque una multimillonaria superestrella no pueda sentirse herida por comentarios.
Claro que puede.
Sino porque ya hemos escuchado versiones más interesantes de esa conversación en sus propios discos.
The Independent ha sido especialmente dura con el tema, mientras The Guardian también considera que esa insistencia en los haters termina contaminando una canción que pretende celebrar el amor.
Estoy más cerca de esa lectura.
Musicalmente entra con facilidad.
Líricamente gira alrededor de un territorio que Swift conoce demasiado bien.
Quizá demasiado.
Lo mejor
El impulso pop.
Lo peor
Taylor Swift continúa escribiendo canciones para personas a las que supuestamente ya no necesita escuchar.
Veredicto
Divertida durante tres minutos. Mucho menos interesante después.
3. “Pink Clouding”: cuando Taylor baja la guardia
Y entonces ocurre algo mucho más bonito.
“Pink Clouding”.
El título procede de una expresión asociada a la sensación de euforia que puede aparecer durante las primeras etapas de una recuperación. Swift la utiliza para observar una relación iniciada mientras ella misma todavía estaba emocionalmente descolocada.
Pero aquí cambia algo importante.
Taylor no está acusando.
Está reconociendo.
No parece interesada en ganar la discusión.
Está mirando hacia atrás y preguntándose por su propia responsabilidad.
Musicalmente tenemos synth-pop luminoso, voces superpuestas y una producción aérea que inevitablemente recuerda a algunos de los colores de Lover y 1989. The Guardian ha destacado precisamente la humanidad y el arrepentimiento que aparecen aquí frente a otros momentos más defensivos del proyecto.
Y funciona.
Porque la vulnerabilidad resulta mucho más interesante cuando no viene acompañada por la necesidad de demostrar quién tenía razón.
En “Pink Clouding” encontramos algo que siempre ha hecho grande a Taylor Swift:
mirarse a sí misma y no gustarse necesariamente de lo que encuentra.
Ahí vuelve a ser peligrosa.
No para sus ex.
Para ella.
Lo mejor
La honestidad emocional.
Lo peor
Max Martin y Shellback podrían haber empujado un poco más la producción.
Veredicto
La sorpresa del Encore.
4. “Babylon” y aquí estaba la Taylor Swift que buscábamos
Y llegamos a la última.
“Babylon”.
Guitarra acústica.
Espacio.
Una producción que va creciendo sin necesidad de pedir permiso.
Y una historia.
Sobre todo:
una historia.
Swift se aleja finalmente del espejo.
La canción sigue a un personaje que abandona su pequeño mundo buscando dinero, libertad, estatus y algo parecido al éxito.
Lo consigue.
Pero entonces descubre el precio.
La nostalgia.
La familia.
Lo que dejó atrás.
El lugar al que quizá ya no puede regresar.
NME describe precisamente ese arco narrativo, mientras The Independent, pese a ser durísima con el resto de la edición, considera “Babylon” una mejora radical y el momento en que reaparece la capacidad narrativa de Swift.
Estoy de acuerdo en lo esencial.
“Babylon” recuerda a la Taylor que durante Folklore* y *Evermore descubrió algo fundamental:
no todas las canciones tenían que tratar sobre Taylor Swift para que Taylor Swift estuviera dentro de ellas.
Eso la liberó.
Podía inventar personajes.
Cambiar perspectivas.
Contar historias.
Observar otras vidas.
Y paradójicamente, alejándose de sí misma consiguió escribir algunas de sus canciones más personales.
“Babylon” recupera algo de aquella sensación.
No necesita ser un himno.
Necesita que quieras saber cómo termina.
Y eso, en Taylor Swift, sigue siendo un superpoder.
Lo mejor
La narradora.
Lo peor
Que termine justo cuando queremos más de esta Taylor.
Veredicto
La mejor canción de las cuatro.
Entonces, ¿mejora The Encore a The Life of a Showgirl?
Sí.
Pero no lo transforma.
Y esa diferencia es importante.
Estas cuatro canciones no convierten retrospectivamente The Life of a Showgirl en otra cosa.
Tampoco solucionan todas las contradicciones del álbum.
Pero sí contienen algo que el disco original perdía ocasionalmente entre el espectáculo, la autorreferencia y la obligación imposible de ser Taylor Swift™:
una persona.
“Patient Zero” tiene concepto.
“Pink Clouding” tiene vulnerabilidad.
“Babylon” tiene historia.
“Cleveland!” tiene un gran envoltorio pop, aunque dentro encontremos ideas que Swift ya ha visitado demasiadas veces.
Lo curioso es que juntas funcionan casi mejor como un pequeño EP independiente.
Cuatro perspectivas.
La ex que avisa.
La mujer enamorada.
La persona que reconoce un error.
El personaje que descubre que conseguir lo que deseaba tampoco lo ha salvado.
Eso tiene un arco.
Taylor Swift tiene un problema que casi ningún artista puede tener
Publica demasiado.
Suena absurdo decirlo.
Durante décadas hemos pedido a los artistas que publicaran más música.
Pero Taylor vive dentro de una maquinaria creativa y comercial sin precedentes.
Álbum.
Edición especial.
Regrabación.
Bonus tracks.
Videoclip.
Otra edición.
Otra portada.
Otro secreto.
Otro Easter egg.
Otra canción.
Otra conversación.
El problema es que cuando absolutamente todo se convierte en acontecimiento, el acontecimiento deja de ser extraordinario.
The Independent y The Guardian, desde perspectivas diferentes, plantean una cuestión parecida en sus críticas de Encore: la abundancia puede estar empezando a trabajar contra la propia música. T
Quizá tengan parte de razón.
Porque Taylor Swift ya ha demostrado que puede publicar mucho.
La pregunta artística interesante ahora es otra:
¿qué ocurriría si decidiera esperar?
Pero hay otra posibilidad
Que The Encore sea precisamente esa transición.
Estas cuatro canciones no proceden de un cajón.
Swift explicó que viajó a Suecia para celebrar el éxito de Showgirl con Max Martin y Shellback.
Había un estudio.
Entraron.
Y escribieron.
Eso significa que estamos escuchando canciones creadas después del álbum.
Después de su lanzamiento.
Después del récord.
Después de la conversación.
Después de las críticas.
Y quizá por eso algunas parecen respirar de manera diferente.
Menos explicación.
Más melodía.
Más espacio.
Más emoción.
No siempre.
Pero lo suficiente para resultar interesante.
REVIEW: The Life of a Showgirl: The Encore
Taylor Swift no necesitaba añadir cuatro canciones a uno de los álbumes comercialmente más grandes de su carrera.
Precisamente por eso resulta interesante que lo haya hecho.
“Cleveland!” demuestra que continúa atrapada ocasionalmente en la conversación interminable sobre Taylor Swift, personaje público.
Pero “Patient Zero” recupera su habilidad para construir una metáfora pop.
“Pink Clouding” recuerda que admitir una culpa puede resultar bastante más poderoso que señalarla.
Y “Babylon” vuelve a demostrar que, cuando Swift deja de explicar su propia leyenda y simplemente cuenta una historia, quedan pocas compositoras pop capaces de hacerlo como ella.
The Encore no reescribe The Life of a Showgirl.
No necesitaba hacerlo.
Pero durante cuatro canciones abre una puerta.
Y detrás de ella aparece algo más interesante que otra edición deluxe.
Aparece la posibilidad de la siguiente Taylor Swift.
Ahora quizá solo tenga que hacer algo extraordinariamente difícil para ella.
Dejar que la música respire antes de volver a empezar el espectáculo.
LOFFMUSIC REVIEW
TAYLOR SWIFT — THE LIFE OF A SHOWGIRL: THE ENCORE
“Patient Zero” ★★★★☆
“Cleveland!” ★★½☆☆
“Pink Clouding” ★★★★☆
“Babylon” ★★★★½
Valoración editorial
7,5 / 10
No es un nuevo álbum y por eso no lo compararía numéricamente con toda su discografía. Como expansión, mejora el equilibrio emocional de Showgirl y contiene en “Babylon” la canción que más ganas deja de escuchar hacia dónde puede dirigirse después.


