Han pasado casi dos décadas desde que The Devil Wears Prada redefiniera cómo el cine comercial podía dialogar con la moda… y con la música pop. Aquella película no solo construyó un imaginario visual sofisticado; también diseñó un paisaje sonoro que convirtió cada pasarela improvisada y cada mirada de Miranda Priestly en un momento cultural.
Ahora, con la secuela en camino, la gran pregunta no es solo qué historia se contará, sino qué sonido tendrá el nuevo universo Runway.
El legado musical y cuando el pop marcó tendencia
La banda sonora original fue una lección de curaduría musical. No buscaba ser invisible: quería tener personalidad.
Entre su selección convivían himnos de Madonna, U2, Jamiroquai y Alanis Morissette, mientras el compositor Theodore Shapiro aportaba un score elegante que equilibraba sátira, emoción y sofisticación.
Pero si hubo una canción que encapsuló el ADN de la película fue “Vogue”: más que un tema, era una declaración estética. Representaba ambición, poder y estilo —exactamente lo que la narrativa exigía.
También quedó grabado en la memoria colectiva el uso de “Suddenly I See” de KT Tunstall, ejemplo perfecto de cómo un track bien elegido puede elevar una escena hasta convertirla en icono generacional.
La lección fue clara, la música no acompañaba la película —la definía.
El primer indicio sonoro de la secuela
El regreso de “Vogue” en el tráiler de The Devil Wears Prada 2 no parece un gesto nostálgico casual. Es una estrategia inteligente: reconectar emocionalmente con el público original mientras se introduce la historia a nuevas generaciones.
En términos de branding cinematográfico, pocas decisiones son tan eficaces como reutilizar un himno cultural para establecer continuidad.
Esto sugiere algo importante:
👉 La secuela probablemente no abandonará el ADN pop que convirtió a la original en un fenómeno.
👉 Apostará por una mezcla de nostalgia y contemporaneidad.
👉 Y entenderá, otra vez, que la moda necesita ritmo.
¿Qué artistas podrían definir el nuevo sonido?
Aunque todavía no existe una lista oficial de canciones, el ecosistema pop actual ofrece pistas claras sobre el tipo de lineup que tendría sentido para una película cuyo tema central sigue siendo el poder, la imagen y la reinvención.
Nombres como Lady Gaga o Rihanna encajan de forma casi natural en ese universo: artistas que no solo producen hits, sino que construyen narrativa estética alrededor de su música.
Si la primera película dialogaba con el pop sofisticado de los 2000, esta secuela podría apoyarse en:
- Pop de autor con identidad visual fuerte
- Electrónica elegante
- Disco revival
- Hyper-pop refinado
- Baladas minimalistas para los momentos emocionales
La clave estará —como antes— en la curaduría, no en la cantidad de estrellas.
El factor decisivo: el score
Uno de los movimientos más inteligentes que podría hacer la producción sería recuperar a Theodore Shapiro.
¿Por qué importa esto?
Porque el score fue el pegamento emocional de la primera película. Mientras las canciones marcaban el pulso cultural, la música original guiaba la transformación interna de los personajes.
En una industria cada vez más dominada por playlists disfrazadas de banda sonora, mantener un compositor con sensibilidad narrativa sería una señal de ambición creativa.
Esperaríamos una partitura:
- más moderna
- ligeramente más digital
- pero igual de elegante
Algo que refleje un mundo editorial ahora atravesado por algoritmos, redes sociales y lujo experiencial.
Lo que realmente debería hacer la banda sonora
Si la secuela quiere estar a la altura de su legado, no basta con acumular hits. Debe entender qué hizo funcionar a la original.
La música debería cumplir cuatro funciones clave:
1. Construir identidad
Runway no es solo una revista ficticia —es un símbolo aspiracional.
2. Marcar transformación
Andy cambió a través del vestuario, pero también a través del sonido que la acompañaba.
3. Crear momentos virales
Hoy más que nunca, una escena puede vivir para siempre en redes si tiene la canción correcta.
4. Ser culturalmente relevante
No seguir tendencias —anticiparlas.
Una banda sonora que volverá a marcar estilo
Todo apunta a que The Devil Wears Prada 2 entiende el peso de su herencia. El guiño a “Vogue” sugiere respeto por el pasado, pero también confianza en el poder simbólico de la música.
Lo más probable es que la película busque el mismo equilibrio que la convirtió en un clásico moderno:
✔ estrellas globales
✔ canciones con actitud
✔ score sofisticado
✔ sensibilidad pop
Porque si algo nos enseñó la original es esto:
La moda se ve.
El poder se actúa.
Pero el estilo… se escucha.
Y si la secuela acierta en su banda sonora, no solo acompañará el regreso de Miranda Priestly.
Volverá a marcar tendencia.


