Björk alza la voz por Groenlandia con música, memoria y una llamada contra el colonialismo


Björk nunca ha separado su obra artística de su conciencia política. Y esta semana, la artista islandesa ha vuelto a demostrarlo con una declaración contundente a favor de la independencia de Groenlandia, en respuesta directa a las renovadas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de anexionar el territorio.

La posibilidad de que mis hermanos groenlandeses pasen de un colonizador cruel a otro es demasiado brutal incluso para imaginarla”, escribió Björk en Instagram. Un mensaje directo, sin ambigüedades, que conecta historia, identidad y resistencia.


Un contexto político que reabre viejas heridas

Las palabras de Björk llegan tras un nuevo episodio de tensión internacional. El pasado 3 de enero, Donald Trump volvió a insistir públicamente en la necesidad de que Estados Unidos controle Groenlandia, calificándola como un territorio “esencial para la defensa”. Sus declaraciones, primero recogidas por The Atlantic y después reiteradas a bordo del Air Force One, han provocado una reacción inmediata en Europa.

Groenlandia es actualmente una región semiautónoma bajo soberanía danesa, con un fuerte movimiento interno que reclama mayor autodeterminación y, a largo plazo, independencia total.


Björk y una memoria compartida con Groenlandia

Aunque Björk nació y creció en Islandia, su vínculo con Groenlandia es profundo, cultural y emocional. Islandia estuvo bajo dominio danés hasta 1944, una experiencia colonial que la artista no olvida.

En su mensaje, Björk recordó que Islandia logró independizarse sin perder su lengua ni su identidad cultural. “Si no lo hubiéramos hecho, mis hijos hoy hablarían danés”, escribió, subrayando el impacto real que el colonialismo tiene sobre la vida cotidiana.

Pero fue más allá.


Denuncias históricas que siguen abiertas

Björk también mencionó episodios oscuros de la relación entre Dinamarca y Groenlandia que han salido a la luz en los últimos años. Entre ellos, el caso de 143 mujeres groenlandesas que denunciaron haber sido sometidas a la implantación de dispositivos intrauterinos (DIU) sin su consentimiento, como parte de políticas de control poblacional.

Asimismo, señaló los tests de “competencia parental” aplicados por autoridades danesas, que derivaron en la separación forzosa de familias groenlandesas. Prácticas que, para muchos, refuerzan la idea de un colonialismo aún no resuelto.


Respuesta política: Dinamarca y Groenlandia reaccionan

Las declaraciones de Trump no tardaron en recibir respuesta oficial.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue clara:

“Pedimos a Estados Unidos que cese las amenazas contra un aliado histórico y contra un pueblo que ha dicho claramente que no está en venta.”

Por su parte, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, calificó las palabras de Trump como “muy groseras y profundamente irrespetuosas”.


Björk, activismo y coherencia artística

Este posicionamiento no es un gesto aislado. En septiembre, Björk se sumó a la campaña No Music for Genocide, que insta a artistas y sellos a bloquear su música en Israel como forma de protesta política.

Su último álbum, Fossora (2022), ya exploraba temas como la raíz, la tierra, el linaje y la memoria. Su activismo actual parece una prolongación natural de ese discurso artístico.


Cuando la música también es territorio

Björk no habla como una celebridad opinando desde la distancia. Habla como alguien que conoce las consecuencias del colonialismo y que entiende la cultura como algo que se defiende.

Su mensaje sobre Groenlandia no es solo político. Es histórico, cultural y profundamente humano.

En un momento de tensiones globales y discursos expansionistas, la artista vuelve a recordarnos que la soberanía no se negocia como un activo, y que la identidad de un pueblo no está en venta.